Estudio Biblico 9/23/20

FIRMES Y CONSTANTES

INTRODUCCIÓN: Al leer 1 Corintios 15:54-58, encontramos al apóstol Pablo concluyendo, no solo el capítulo 15, sino toda su primera carta “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo…”, y después de haber tratado varios asuntos doctrinales, eclesiales y particulares de la iglesia de Corinto, llega a su clímax mostrando la victoria de Cristo por la resurrección de entre los muertos, con la cual ha vencido la muerte;  esa victoria es dada a cada creyente, y por eso, confiados en la victoria de Cristo, el apóstol los anima a estar firmes y constantes en el evangelio, exhortación que da título a nuestra enseñanza en esta oportunidad. Estar firmes y constantes en el evangelio, era una exhortación muy pertinente para aquellos que habían sido llamados a ser apartados para Dios. Por eso hermanos, también para nosotros hoy día es muy pertinente escuchar y atender esta exhortación, puesto que también a nosotros nos ha alcanzado la gracia de Dios y hemos sido apartados para él; porque también nosotros creemos en la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, lo que nos asegura que todos nuestros pecados han sido perdonados, y que nosotros también resucitaremos un día cuando Cristo venga. El llamado del apóstol es a continuar firmes en la fe del evangelio, sin moverse de la seguridad de la victoria de Cristo, que es nuestra victoria. La idea de firmes y constantes, o firmes e inamovibles, habla de una actividad constante de dedicación, de entrega, y de servicio a Dios; nos habla de exhibir frutos abundantes que demuestren que hemos recibido la salvación del Señor, y por lo tanto vivimos agradecidos para con él. Si queremos hablar de propósitos para este nuevo año, hablemos de vivir para la gloria de Dios, ¿cómo?, atendiendo la exhortación de estar firmes y constantes en el evangelio, esto es, entendiendo que como creyentes:

I. Somos amados

Este es nuestro primer punto. Somos amados. Como los hermanos de la iglesia de Corinto, nosotros también somos llamados a estar firmes y constantes en el evangelio, puesto que somos amados, así comienza la exhortación, “Así que, hermanos míos amados,”. La seguridad de la victoria de Cristo, es lo único que nos anima a estar firmes y constantes en el evangelio. Esta seguridad no se basa en un pensamiento positivo, o en una determinación de hombre, se basa en un hecho real y concreto, Cristo murió por nuestros pecados conforme a lo que Dios había prometido y resucitó de entre los muertos, tal y como Dios lo había prometido; y muchos fueron testigos de ello (los apóstoles, más de quinientos hermanos de los que algunos vivían durante el ministerio del último apóstol, el mismo Pablo). Este hecho real y concreto, nos afirma que somos amados.

A. Amados por Dios

Toda la primera carta a los Corintios está impregnada del amor de Dios, a través del tierno cuidado pastoral del apóstol Pablo por aquellos que habían escuchado y creído el evangelio. Evangelio por el cual los creyentes conocieron que fueron apartados para ser: “la iglesia de Dios”, tal como inicia su carta este apóstol. Los creyentes de Corinto eran la iglesia de Dios; los creyentes de esta iglesia local son la iglesia de Dios; los creyentes en el mundo entero, que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, son la iglesia de Dios. Son los escogidos, los apartados por Dios, los amados por Dios, porque de tal manera los amó el Señor, que dio a su único hijo Jesucristo, para que no se pierdan, sino que tengan vida eterna (Jn. 3:16). Son estos creyentes los que han recibido la gracia de Dios en Cristo, los que han sido lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesús y por el Espíritu de Dios. No te quepa hermano la menor duda de que eres amado por Dios, pues él te dio la fe para creer en Cristo, quien ha pagado por todos tus pecados, y te ha dado la vida eterna.

B. Pueblo de Dios

Como amados por Dios, lo creyentes también son el pueblo de Dios, miembros de la familia de Dios, concepto que explica profundamente el mismo Pablo en su carta a los Efesios, pero también en 1 Corintios él dice a los hermanos que son Labranza de Dios, Edificio de Dios (1 Cor. 3:9), recordando la cita de Isaías 61:3, donde se advierte que fruto de la obra del mesías, de la proclamación de la buena voluntad de Dios, su pueblo de Dios, todos los creyentes, “serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya”. La obra de Cristo muestra el amor de Dios por su pueblo, así que somos llamados a estar firmes y constantes en el evangelio porque Dios ya nos ha afirmado en su amor, porque nos ha hecho pueblo suyo, y ahora como creyentes podemos llamarnos hermanos, tenemos un mismo Padre que es Dios, un mismo Señor, Jesucristo, un mismo Espíritu que nos testifica que somos hijos de Dios.

C. Objeto permanente del amor de Dios

Somos llamados a estar firmes y constantes en el evangelio porque somos amados por el Señor, y como pueblo suyo, somos objeto permanente del amor de Dios. Si revisamos toda la carta a los corintios, vemos el constante amor de Dios por su iglesia, a través del cuidado pastoral del mismo apóstol Pablo, mostrando la gracia que Dios había dado a la iglesia; llamándola al arrepentimiento por vivir una vida inconsecuente con el evangelio que los había limpiado de todos su pecados; indicando cómo debe conducirse cada creyente en el culto público, en el hogar, y en general en toda la sociedad, esto es, haciendo todas las cosas para la Gloria de Dios. Pero también se muestra el tierno cuidado de Dios por los suyos aun en medio de la tentación, 1 Cor. 10:13.

De modo pues que lo primero que debemos entender como creyentes para estar firmes y constantes en el evangelio, es que somos amados, amados por Dios en Cristo, somos su pueblo, objeto permanente de su amor.

II. Llamados para servir al Señor

Pero también es necesario entender que estar firmes y constantes en el evangelio, implica entender que somos llamados para servir al Señor  y actuar en consecuencia de ello, he aquí nuestro segundo punto, llamados para servir al Señor. Dice el apóstol: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre” esto quiere decir:

A. Abundando en su gracia y conocimiento

Abundar en escuchar el evangelio, en aprender las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo consignadas en su Palabra, y en poner en práctica dichas enseñanzas por el poder del Espíritu de Dios que mora en nosotros, tal como enseña también el apóstol Pedro en su segunda carta, leamos 2 Pedro 1:3-8, todo esto concuerda con la misma enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha puesto para llevemos fruto abundante, una vida que honra el nombre de Dios, Jn. 15:5,8. Esta es la obra de Dios en la cual debemos abundar, pero teniendo en cuenta, que no es algo que hay en nosotros de manera natural, sino que es fruto de la salvación de Dios, es fruto del Espíritu de Dios obrando en nuestras vidas.

B. Abundando en servicio a Dios

De lo anterior, podemos decir que somos llamados a servir al Señor,abundando en servicio a Dios. Nuestra vida le pertenece a Dios, somos los escogidos y apartados para Dios, somos la iglesia de Dios. El mismo Pablo decía a los corintios, “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” –  1 Cor. 6:20. Somos llamados a manifestar lo que Dios es y lo que Dios hace. Tu vida debe testificar lo que has aprendido de Cristo porque le perteneces y estás en unión con él. Hermanos amados, no estamos aquí simplemente para oír algo acerca de Dios y calmar nuestra conciencia diciendo que cumplimos con congregarnos como Dios manda en el día del Señor. Estamos para dar gracias a Dios por lo que ha hecho, y para conocer su voluntad, y ser entrenados en la obra de Dios en la cual debemos abundar. Hermano, si tú estás escuchando el evangelio, si estás entendiendo la voluntad de Dios, tu vida debe manifestarlo. Si estás aprendiendo que Cristo te ha constituido como Sal y Luz de este mundo, no por ti mismo, sino porque Cristo te preserva y Cristo te ilumina, tu vida debe reflejar que Dios te ha librado del pecado, que te ha hecho una persona diferente, que ahora temes a Dios, que no quieres ofender a Dios, y que si lo haces te duele por tu pecado y te vuelves a Dios en arrepentimiento. Tu vida debe mostrar que Dios te ha sacado de las tinieblas, que te ha dado verdadero propósito, que no esperas alcanzar una u otra cosa para satisfacer tu avaricia o egoísmo, sino que esperas en Dios, esperas engrandecer a Dios en todo lo que vives, en tus deseos, pensamientos y acciones.

C. Abundando en servicio al prójimo

Si estás aprendiendo de Cristo, eres llamado a servirle, abundando en servicio al prójimo. Qué mayor servicio puedes dar a tu prójimo sino predicarle el evangelio. Aprovechando cada oportunidad para mostrar el amor de Dios, que nos limpia de todo pecado, y nos reconcilia para con él por medio de Cristo. ¿Quién es tu prójimo?, el que está más cercano a ti, tu conyugue, tus hijos, tus hermanos, tus padres, tus vecinos, tus compañeros de estudio o del trabajo, tus hermanos en la fe. En todos los ámbitos de tu vida, hay personas a tu alrededor, hay personas que están cerca de ti, que necesitan estar expuestas a la luz y sal que Dios ha puesto en ti, que necesita experimentar el perdón, la misericordia, el consuelo, la ayuda que Dios te ha dado. Tu relación de pareja, tu relación familiar, tu manera de trabajar y de conducirte en la sociedad, tu manera de apoyar tu iglesia local, son ámbitos en los cuales puedes servir a los demás de acuerdo a la enseñanza que recibes del Señor Jesucristo, son oportunidades en las que puedes experimentar una vida de servicio abundante a Dios.

Hermanos, somos llamados a estar firmes y constantes en el evangelio, entendiendo que somos llamados a servir al Señor, no a nosotros mismos. Fuimos llamados a abundar o crecer como dice nuestra traducción, en la obra de Dios siempre, a vivir y predicar la buena noticia de Jesucristo a todo momento.

III. Servir al Señor no es en Vano

Finalmente, nuestra tercera enseñanza es que somos llamados a estar firmes y constantes en el evangelio, entendiendo que servir al Señor no es en vano. Estamos comenzando un nuevo año, tal vez con muchas expectativas, pero nuestro fin es glorificar a Dios. Los corintios habían recibido un gran número de enseñanzas, exhortaciones, consuelos y esperanzas, ahora debían mantenerse en ellas, ahora debían continuar en ellas, esto es crecer o abundar en la obra del Señor. Lo mismo aplica para nosotros. Pero no nos acercamos a una tarea, trabajo o labor imposible de lograr. Los Corintios tenían muchos problemas, y muchas cosas por corregir, muchos pecados que dejar, pero esto no era impedimento para dedicarse a la tarea que tenían como hijos de Dios, como iglesia de Dios, porque irrevocables son los dones y el llamamiento, y estaban llamados a estar firmes y constantes en el evangelio. Hermanos amados, si entendemos que nuestro único propósito este inicio de año, y cada día de nuestra vida, es glorificar a Dios, entonces para nosotros es este llamado a estar firmes y constantes en el evangelio, y hay para nosotros una buena noticia, Cristo Jesús ha vencido la muerte, él ha resucitado de los muertos, y no debemos temer a nuestra debilidades o a nuestras dificultades como algo que nos pueda desviar de nuestro propósito, sino que debemos confiar en Cristo, quien ha vencido, y nos asegura su victoria en nosotros, de modo que no tenemos forma de movernos de la fe, de desmayar o volver atrás, porque:

A. Dios nos capacita para servirle

No somos nosotros los que decidimos servir al Señor, es él quien nos destinó a servirle, nos llamó a servirle, y es Dios quien nos capacita para servirle. Es la obra de Dios, y él se encarga de que su obra permanezca, que su consejo permanezca para siempre. Nuestros propósitos particulares muchas veces sufren tropiezos, o no pueden ser alcanzados, pero lo que Dios determina, no hay quien lo pueda estorbar, no hay nada que pueda evitar su cumplimiento perfecto. Para vivir el evangelio, Dios te ha dado la fe, te ha dado su Espíritu, te ha dado los dones que necesitas para servir a Dios y a tu prójimo, así como enseña el apóstol Pedro en 1 Pedro 4:10-11.

B. Dios no desestima nuestro servicio

Servir al Señor no es en vano, porque Dios no desestima nuestro servicio, Hebreos 6:10-11. Hermanos, no es vano obedecer al Señor en congregarnos como él manda, no es en vano que públicamente le adoremos, que escuchemos su palabra, oremos, y participemos de los sacramentos. No es en vano perdonar al hermano cuantas veces se arrepienta y pida perdón. No es en vano dar todo sin esperar retribución alguna porque Dios no olvida eso. No es en vano que socorras al desvalido, que muestres misericordia al que es incapaz de salir de su miseria aunque nadie te diga: ¡qué buen trabajo haces!, Dios no lo olvida. Hermanos, no es en vano que ayudes a tus hermanos en todo lo que está a tu alcance, que sirvas a Dios con tus dones y con tus bienes, Dios no olvida nunca tu trabajo de amor. No importa cuántos años lleves en la vida Cristiana, no desmayes en hacer lo que Dios te ha mandado, porque tu trabajo en el Señor, no es en vano.

C. Dios recompensa nuestro trabajo

Y aunque no esperemos nada de hombre alguno, Dios recompensa nuestro trabajo. Por eso también podemos decir que Servir al Señor no es en vano. El Señor mismo dará su recompensa a los que le sirvieren, los Corintios fueron instruidos por Pablo en ese sentido cuando exhortaba contra el sectarismo y animaba a la iglesia a considerar que cada uno tiene un llamado de Dios, pero el que da crecimiento es el Señor, que recompensará su obra hecha en nosotros y a través de nosotros, 1 Cor. 3:14. ¡Consideremos esto hermanos: Dios nos capacita para servirle, y más aún, promete recompensar nuestro servicio a él, Jn. 12:26, Mat. 25:31-40!, qué maravilloso, definitivamente, no es en vano servir al Señor.

CONCLUSIÓN:  concluimos entonces diciendo que estar firmes y constantes en el evangelio, es vivir la vida cristiana entendiendo que somos amados por Dios, y nada nos podrá hacer mover de su amor, que tenemos la victoria sobre el pecado y la muerte por medio de Jesucristo. Es abundar en la obra del Señor, por medio de la vivencia y predicación del evangelio, es trabajar decididamente para Dios, sabiendo que nuestra labor en el Señor no es en vano. Con esto mente hermanos, ¿Qué cosas hay que ajustar o arreglar en nuestra vida?, ¿qué obstáculos tenemos para atender el llamado de estar firmes y constantes en el evangelio?, ¿qué cosas tendremos que dejar de hacer o de pensar?, ¿qué cosas debemos aprender del Señor?. Todo lo que necesitamos para estar firmes y constantes en el evangelio, ya lo hemos recibido en Cristo, por tanto oremos, que Dios ilumine nuestro entendimiento para comprender lo que él ha hecho, y que por el poder de su Espíritu vivamos conforme a ello.

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